En un momento dado comenzó también a sentir odio por la persona que mas amaba en el mundo: su madre. La excelente esposa que trabaja de día, y lavaba los platos de noche, sacrificando su vida para que su hija tuviese una buena educación, supiese tocar el piano y el violín, se vistiese como una princesa, comprase zapatillas y vaqueros de marca, mientras ella remendaba su viejo vestido que usaba desde hace años.
"¿Cómo puedo odiar a quien solo me dio su amor?", pensaba, confusa, queriendo modificar sus sentimientos. Pero ya era demasiado tarde: el odio estaba liberado, ella había abierto las puertas de su infierno personal. Odiaba el amor que le había sido dado.
Y su padre? Odiaba a su padre también. Lo odiaba porque siempre había sido tan encantador y tan abierto con todo el mundo, menos con su madre, la única que realmente merecía lo mejor.